REMODELACIÓN DE RIERA DE LA SALUT_POL FEMENIAS








Remodelación de Riera de la Salut
Pol Femenias


Situación: Sant Feliu del Llobregat, Barcelona, España 







La intervención se sitúa en medio de uno de los barrios más densos de Sant Feliu de Llobregat. Un barrio obrero que había ido creciendo alrededor del antiguo tejido industrial, rodeando las fábricas textiles que daban trabajo a los vecinos con viviendas humildes de los propios trabajadores, pared con pared con la fábrica. El derribo de una de las últimas fábricas que quedaban en pie se aprovechó para construir un aparcamiento subterráneo para abastecer el barrio de la Salut, dejando en el lugar donde se encontraba la fábrica un gran vacío en forma de cubierta de hormigón para este aparcamiento.
Los trazos de las medianeras existentes se prolongan y dan forma a cada uno de los parterres del parque. Como rebanadas de pan, se fragmenta el espacio público es distintos rincones de escala 
menor, casi doméstica, con la voluntad de que el visitante se sienta cómodo en un ámbito más abarcable. De esta manera, se diseña cada tramo de manera singular tanto en planta como en
sección, creando topografías que cobijan y aíslan al paseante de la carretera adyacente.







El vacío de la antigua fábrica dejó a la vista las paredes de los patios traseros de esas viviendas, antes ocultas, que ahora se convertían en fachada del nuevo espacio urbano. La elección de la
cerámica como material para cubrir las medianeras existentes fue casi automática. La cerámica cocida a alta temperatura nos permitía trabajar con un material económico y, además, de alta
resistencia, que garantizaba un buen envejecimiento frente a heladas, lluvias y cambios de temperatura.
Era una clara intención recuperar el material cerámico como memoria del pasado industrial y, a la vez, como réplica de las tapias de los patios existentes. Y era nuestro deseo incorporar en la celosía esa riqueza de matices, a modo de collage de texturas y agujeros, que ya poseían las medianeras, reflejo de los diferentes estados e intervenciones que había sufrido la ciudad a lo largo del tiempo. Sólo un cierre de piezas cerámicas nos permitía tamizar la visión de esos patios
traseros y, a la vez, incorporar sus irregularidades, quiebros y excepciones.

Llevamos a cabo una verdadera investigación de cual tenía que ser el sistema idóneo de fabricación y cocción de la arcilla de las piezas que conformaran la celosía, determinando una geometría sencilla que, con el menor número de piezas posible, nos dotara de recursos suficientes para cubrir una fachada de 150m e incorporar las exigencias que requerían los cerramientos
existentes. La celosía tenía que permitirnos, primero, mantener la coronación de los muros existentes, hechos de distintos materiales y a distintas alturas, resiguiendo en la medida de lo
posible un “horizonte” continuo que los envolviera. Segundo, le exigíamos a la celosía que nos permitiera mantener los distintos grados de opacidad que tenían esas medianeras, que pasaba de
tapias ciegas de pared de bloque hasta verjas totalmente transparentes, pasando por cañizos autoconstruidos. La celosía tenía que permitirnos incorporar esas distintas gradaciones y hacerlo con una textura continua a lo largo del parque.
Después de varios intentos, llegamos a definir la geometría definitiva de una celosía autoportante formada únicamente por tres piezas de gres esmaltado a alta temperatura: un cubo de 20 x 20 x 20cm y un rombo de 20x13,5 cm (macizo o agujereado). El cubo permitía una optimización de la producción, ya que con una única pieza, puesta de cara o a través, nos permitía hacer la celosía
opaca o transparente. Su montaje en espiga permitía una coronación de la celosía casi orgánica, vegetal, que resiguiera las distintas alturas de cerramiento con una línea continua.
La gama cromática para el esmaltado de las piezas surgió de los tonos propios de las medianeras existentes. Se redujo la imagen de las fachadas posteriores a siete colores, que junto con el propio de la cerámica nos daban los ocho tonos predominantes. Esos ocho tonos, con esmaltado brillante o mate, aplicados a piezas opacas o agujereadas, serían los que nos permitirían incorporar a la celosía los matices que buscábamos.





















Fotógrafo: O.M. Estudi









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